viernes, 20 de agosto de 2010

Vómito

Te advierto que no modificaré ninguna sola palabra
de éste vómito poético-patético que nació (o explotó)
después de un orgasmo disimulado tras el sentimiento
que surgió al oír nuevamente esa música 
que me achocolata la sangre (...)

El ambiente es húmedo, el frío mañanero sirve de despertador-calador, muele huesos, congela los pelos...
Y esa música, esas notas penetran mis poros como si fuese un aluvión de orgasmos.
Fluyen por mi sangre en el frío de éste antro, encandece mi mañana, esa música espanta el gélido aliento de la rutina, acalora mi pensamiento y los tuerce hasta esculpir tu figura. Cada sí sostenido complementa el sentimiento de ausencia, configura entre escalas un espejismo que logra espantar ésta fría soledad que cala los huesos.
Me elevo en un deje de cordura tan canalla como el eufemismo que me escupiste ayer por la tarde.
Esas combinaciones tan finamente tejidas no pueden ser fruto sino del cerebro de un ser más mágico que humano.
Por decirte que cada compás me recuerda nuestras esquivas conversaciones de pasillo... de cama, de callejones oscuros, sin salida.
Los silencios son como tus risas. Y extrañamente tus silencios no son ausencia de sonido, porque los pensamientos en tu cabeza retumban más fuerte que los latidos de mi corazón cuando escribo ésto.
Puedo leerlos por la retina de tus ojos. Puedo olerlos cuando se escapan en cada suspiro.
Tus silencios, son para mí, cada nota en el pentagrama.
Y entonces ¿Cuándo hablamos?
Bien dicho. Hablamos en el título y en el fin.
La conciencia va de parte de la crítica del autor.
¿Cómo podría explicarte que llegaste tan profundo con sólo una revolcada de piernas?
Como enajenarme de ésta pasión que me impide pensar tranquila.
¿Cómo? Si entre la madera húmeda siento los sones de tu vida, y tú apareces, cruel fantasma, hostigando mis días.
Llevo tu candado en la piel y no puedo renunciar a tu nombre porque hay más carne que vida. ¡Oh vida! ¿Qué has hecho de mis días? 
Una pasarela de emocione. Tan rica y variada como las combinaciones de mi paleta de colores, tan potente como las notas en tus escalas, tan efímero como el vuelco de mis pensamientos en tu figura, tan pero tan caliente, cómo me muerdo la lengua para gritarte, ¡Amor!
Muero tres veces por minuto... Por minuto, tres veces por minuto.
Y vuelve la melodía.
Oh sincronizadora de recuerdos; ¿Como le hago para borrarte? No. No borrarte. Cómo le hago para quemar éste fuego intenso cada vez que ponen una nueva composición tuya. Tú, tu recuerdo, tus creaciones, que me son tan imposibles de odiar, tan pero tan imposible de olvidar, si tan solo no compartiera ese gusto por lo que haces. Mi vida. Un bohemio encendió mi corazón. ¡Canta fuerte, revienta mis tímpanos! para alejarme de tus palabras, de ti... Ya te vas, ya te vas... Tengo tanto que decirte, pero... ¿Qué más da?
No puedo escapar de la idea que nuestro entendimiento es sólo extrapolar, extracurricular, extra programático.
Tienes la llave del candado que cierra mis piernas...
Me miran y dicen ¿Qué te pasa? ¿Qué escribes?
Si supieran que un loco se ha robado mi razón...
Cómo dijeron... Si tu escribes una canción, la matas...
Te escribo... Te escribo y te escribiré mil veces para matar mi atención de ti...
Callar éstos pensamientos, silenciar el deseo...
Silenciar éstas añoranzas de verte llegar y cruzar ésta puerta...
Estoy en el camino equivocado, o sé. Debo irme. Pero no sin antes verte partir...



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